¡Si me dio un tiempo!

¡Si me dio un tiempo!

Estaba caminando por el bosque; la belleza por todas partes. Y después de la lluvia, los árboles ofrecían diamantes al toque de la luz del sol que penetraba con discreción pero certero, llegando a las gotitas de agua para iluminarlas.

No podía entonces más que respirar tanta belleza, y cuando este oxígeno llegaba a mi cerebro, recibí el aliento divino y me puse a conversar con él; repasé mi vida y también imaginé el futuro. Empecé a hablar mirando al cielo;

“Sabes, me diste un tiempo para casarme, tener hijitos, disfrutarlos, gozarlos, arroparlos por la noche y besar su frente después de rezar y cantar una canción; pero estaba tan ocupada, tenía tanto que hacer que “No tuve tiempo”.

Después me diste tiempo de verlos ya crecidos, adolescentes alocados, preciosos, la casa llena de ruido, de amigos, y de un fuerte rock llenaba el ambiente. Ahí todo era movimiento pero sabes, yo estaba tan ocupada y tenía tanto trabajo que no tuve tiempo de gozarlos; ahora se han ido, la casa está vacía y callada, “todo está tan ordenado”.

Me diste u  tiempo para gozar amigos,  esos que habían estado conmigo en los momentos más felices y en los tristes, ¡eran parte de mi vida! Pero, estaba tan ocupada, tenía tantos compromisos trabajo y proyectos, que no tuve tiempo de verlos. ¡Ahora estoy sola!

Me diste tiempo para ver y dar reconocimiento a mis padres; esos viejos magníficos que me dieron la vida e iluminaron mi espíritu con el conocimiento de Dios. Viejo, tú sabes que todos los hijos son ingratos; donde te encuentres, óyeme, te pido que me perdones. Y tú mamita, bendíceme a pesar de  todo; tú sabes que estaba tan ocupada y tenía tanto que hacer, que no tuve tiempo de verlos. ¡Qué ingratos somos los hijos!

A mis más sabios maestros, los que me habían dado tanto, no tuve tiempo de verlos, ni a mis hermanos. En fin, pasé la vida llena de proyectos, trabajos y ocupaciones que creía “Cambiaban al mundo; de los que sí estoy segura, es de que el mío si cambio.

Ya viejos mi esposo y yo si tuvimos tiempo de conversar, de reencontrarnos, pues a base de tanto que hacer no habíamos podido comunicarnos; nos vimos, uno junto al otro y supimos que éramos dos extraños, y no nos conocíamos.

¡Dios mío, dame sólo un poco de tiempo para poder servir a los demás; si me lo concedes, estará demostrando que aún tienes confianza en mí!”.

Marina David Buzali

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